CONCIERTO FINAL. Orquesta y coro del CSMV unidos para concluir el curso

Por Álvaro Ramos Yuste

La pasada tarde del 19 de mayo tuvo lugar el último concierto de las clases de Ramón Ramírez (director de la orquesta) y Nadia Stoyanova (directora del coro). El repertorio volvió a adaptarse a las circunstancias que la todavía presente pandemia provoca. Esta fue la razón por la que cuerdas, viento madera, viento metal, percusión y coro actuaron por separado.

En primer lugar, la orquesta interpretó la Serenata para cuerdas op. 22 de Antonin Dvorak (1841-1904). Obra compuesta en once días durante mayo de 1875, en uno de los momentos más felices de la vida del compositor. Un año después fue estrenada en Praga con gran éxito. Por otra parte, la serenata se divide en cinco movimientos: I Moderato, II Tempo di Vals, III Scherzo, IV Larghetto, V Finale. Allegro vivace. Cada uno de ellos provoca todo tipo de sentimientos en el oyente y crea un viaje auditivo que va desde la serenidad y apacibilidad del primer movimiento, pasando por el elegante vals, siguiendo con un alegre y divertido scherzo que desemboca en un contrastante, bello y dramático cuarto movimiento, donde la orquesta volcó toda su carga emocional, para finalmente concluir esta travesía con la rabia y carácter del quinto movimiento.

Es cierto, que la serenata suponía todo un reto tanto técnico como emocional para la orquesta, sin embargo, en el escenario se pudo ver un gran resultado fruto de la dirección de Ramón Ramírez y una plantilla íntegra implicada en todos los sentidos por tal de dar lo mejor de sí mismos en cada momento.

                            Serenata para cuerdas op. 22 – Antonin Dvorak

El concierto siguió con la Sinfonía para instrumentos de viento de Igor Stravinsky (1882-1971), versión de 1946. Esta obra nace de la petición de La revue musicale para incluirla en una publicación homenaje al compositor Claude Debussy.

Por otro lado, la pieza fue descrita por su compositor como “un austero ritual que se desarrolla en términos de cortas letanías entre los diferentes grupos de homogéneos instrumentos”. Cabe especificar que tras su publicación en 1933 eran muchas las ediciones que se tocaban por lo que, a petición de Robert Craft, Stravinsky escribió los materiales definitivos y constituyó en 1946 la versión definitiva. Por tanto, fue la interpretación que pudo escucharse en este concierto.

Por lo que se refiere a la actuación, cabe destacar que la plantilla de vientos de la orquesta mostró una gran flexibilidad y atención a los numerosos y difíciles cambios rítmicos y armónicos que presenta la composición.

Sinfonía para instrumentos de viento – Igor Stravinsky

Finalmente, pudimos disfrutar del Festival Te Deum de Raph Vaughan Williams (1872-1958). Obra compuesta con motivo de la coronación del rey Jorge VI y la reina Isabel Bowes-Lyon como monarcas del Reino Unido, la cual tuvo lugar en mayo de 1937.

Coro, sección de metales y percusión se unieron para ofrecer una versión de lo más emocionante en la que voces y vientos sonaban con gran complicidad y que, pese a tocar en los laterales y cantar en el fondo del escenario, su sonido llenaba el auditorio desde la primera a la última fila.

Festival Te Deum de Raph Vaughan Williams

De esta manera se puso fin a un concierto en el que aun con las pantallas protectoras, distancias y plantillas seccionadas, cautivó al público presente. En conclusión, fue una buena forma de finalizar el año académico, pero también de abrir las puertas a un nuevo curso en el que esperamos poder volver a disfrutar de nuestra orquesta al completo.

 

 

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