RÍTMICA DALCROZE Una experiencia de movimiento e improvisación a través de la música  

 

Por Laura Navarro Álvarez

Los días 10 y 11 de febrero se llevó a cabo un taller de rítmica Dalcroze en el Conservatorio Superior de Música de Valencia Joaquín Rodrigo. La Masterclass corrió a cargo de Eugènia Saval Llorca y Pascale Rochat-Martinet, profesoras especializadas en dicha pedagogía, procedentes del Conservatorio Lausanne y del Instituto Dalcroze de Ginebra.

El grupo de alumnos que acudió a las clases realizó diferentes tipos de ejercicios de rítmica a través de la improvisación y la creación artística en grupo. Para ello, se propusieron dos grupos diferentes de alumnos que se alternaron con cada profesora a lo largo de las dos mañanas y de la tarde, disfrutando de clases de una hora u hora y media, aproximadamente.

En un primer momento, las profesoras explicaron el origen del método, en el que el movimiento corporal era lo más significativo para la creación de una conciencia del movimiento musical. Durante su estancia en Ginebra, el compositor, intérprete y pedagogo Jaques-Dalcroze se encontró con alumnos que estaban acostumbrados a trabajar sentados en las clases de coro y no mostraban ninguna emoción y energía. Sus alumnos tenían bastantes dificultades de audición y ejecución musical, y Dalcroze se sentía muy decepcionado por la falta de vida que había en las escuelas de música, donde todo se reducía a frías clases teóricas y a desarrollar hábitos interpretativos de manera mecánica. Por este motivo, comenzó haciendo que se levantaran, se descalzaran y se movieran por el espacio del aula al ritmo de melodías que él mismo tocaba en el piano.

De la misma manera que Dalcroze motivó a sus alumnos a sentir la música a través de su propio cuerpo, Eugenia y Pascale contagiaron al alumnado de pedagogía y musicología, trabajando la educación auditiva y el desarrollo perceptivo del ritmo a través del movimiento.

Los futuros profesores y musicólogos se descalzaron e improvisaron con sus instrumentos, con la voz y con su cuerpo, bailaron al ritmo de un vals, cantaron “Let it be” asociando los grados tonales con movimientos de pelotas de tenis, jugaron con palos chinos identificando y diferenciando compases binarios y ternarios, musicalizaron en grupo una historia narrada, crearon una obra a través de imágenes, palabras y formas musicales… En definitiva, visualizaron diferentes nociones musicales a través del espacio, fortificando la imagen interior del sonido, el ritmo y la forma, y desarrollando al mismo tiempo la creatividad. Todo ello de una manera auténtica y vivencial.

Es importante destacar que en estas masterclasses  no se trabajaron únicamente las capacidades musicales del alumnado, sino que además de estas, los alumnos tuvieron que poner en práctica capacidades de adaptación, reacción, sensibilidad, integración y socialización, entre otras. Sin duda, fue una experiencia enriquecedora e interesante para los futuros profesores y musicólogos de nuestra sociedad.

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