Pablo Márquez Caraballo, organista de la catedral de Valencia

 

Por Carlos Grau

 

1.- ¿Como ha sido tu formación como organista, tanto en España como en el extranjero, que aspectos destacarías sobre ella? 

Desde bien temprano en mi formación musical, siempre me ha atraído el carácter humanista y tan versátil de los compositores más antiguos. Es decir, en otras épocas la figura del músico era mucho más amplia: implicaba el conocimiento de uno o varios instrumentos, la interpretación, la composición, la improvisación, la dirección, la pedagogía para seguir cultivando tan bello arte, etc. Esa concepción del músico completo siempre ha despertado en mí un cierto interés y ha guiado mi formación profesional. Creo que es realmente importante buscar una educación que, sin renunciar a una especialización y un mayor dominio de una de esas vertientes, nos acerque a una visión más completa del arte en su conjunto. El paso siguiente es la interdisciplinaridad dentro de las artes, tan importante para el enriquecimiento de nuestro mundo interior, riqueza que más tarde tenemos que compartir encima de un escenario. Sin duda, este crecimiento pasa por viajar y conocer otras culturas y otras maneras de entender la música y la vida. Con esa intención viajé a Francia, donde estudié en el Conservatorio de Toulouse las especialidades de órgano, clavecín, improvisación y composición.  Más tarde, seducido por la música antigua, me trasladé a Ámsterdam y la Haya para realizar el Máster en órgano y clavecín, al mismo tiempo que trabajaba como organista asistente en la iglesia más importante de la ciudad: la Basílica de S. Nicolás. Sin duda alguna, rodearse de grandes músicos y otros estudiantes de los cuales poder aprender y el contacto directo con instrumentos históricos (mi examen final de órgano lo realicé con un instrumento original de 1511 y otro de 1646) han sido quizás los dos aspectos que más destacaría de toda esa experiencia a la que dediqué siete años de mi vida.

.

2.- ¿Como surge la posibilidad de ser el organista de la catedral?

Si antiguamente los músicos debían poseer una formación en diferentes ámbitos del mismo arte, las figuras del organista y maestro de capilla eran las más completas en este sentido. Ser organista de una catedral implica tener conocimientos sobre el instrumento y su mantenimiento, pero también sobre canto gregoriano, acompañamiento, transposición, improvisación, interpretación del repertorio clásico, la investigación musical, la organización festivales de música, etc. A todos estos aspectos hay que sumarle el más importante: el litúrgico, es decir, la adecuación de la música en el marco de la celebración de una ceremonia religiosa. En mi caso, a los 16 años comencé a tocar de forma regular en la catedral de Valencia, siendo mi debut oficial el estreno de la misa “Nostra pregaria” del maestro de capilla D. José Climent, recientemente desaparecido. Poco a poco he ido formándome en todas las vertientes necesarias para desempeñar mi trabajo con profesionalidad. En 2012, una vez terminados los estudios y mi estancia en el extranjero se me concedió el nombramiento oficial. Es realmente todo un honor y responsabilidad ocupar el puesto que antaño desempeñaron organistas como Juan Cabanilles, Vicente Rodríguez Monllor o Pascual Pérez Gascón. Quizás sea este pasado el que me anime cada día a intentar hacer mi trabajo lo mejor posible. En los últimos años hemos conseguido construir un órgano nuevo de estilo romántico-sinfónico que ha concentrado a organistas de primer nivel internacional y ha revitalizado la vida musical de la catedral.

.

3.- Como organista profesional, ¿cómo ves en la actualidad la formación de los futuros organistas en España? 

Afortunadamente, somos más los organistas que hemos salido fuera de nuestro país para formarnos y enriquecernos de la larga tradición organística todavía viva en otros países como Francia, Alemania, Holanda o Inglaterra. Muchas de estas personas, entre las que me incluyo, han vuelto con ansias de compartir todo lo que han descubierto y aprendido con jóvenes que se decantan por tan apasionante instrumento. Aquello que nosotros tuvimos que aprender peregrinando de un sitio a otro, los alumnos actuales lo pueden tener a su alcance y así beneficiarse para el desarrollo de su carrera musical. En este sentido, son cada vez más los estudiantes que se dejan seducir por la belleza de un instrumento como el órgano, que, como si de una orquesta se tratara, ofrece tal sinfín de posibilidades tímbricas y sonoras. Sin embargo, la formación en los otros aspectos relacionados con la figura profesional del organista, no solo como un mero concertista, necesitarían una mayor atención dentro del currículo académico en los conservatorios.

.

4.- Aparte de prestar tu servicio como organista en la catedral, ¿qué otras salidas profesionales puede plantearse un organista a nivel interpretativo?, ¿y pedagógico?

Mi actividad como organista tiene varias vertientes: por un lado, ejercer las funciones como organista litúrgico me aporta grandes satisfacciones. Pocos músicos tienen la suerte de poder tocar y compartir su música unas 10 horas a la semana para un público de entre 1000-1500 personas. Es una labor reconfortante, ya que a la catedral vienen frecuentemente personas con muchos problemas, buscando un momento de paz y alivio, y encuentran en la música una gran ayuda. En ese contexto, el organista hace su pequeña aportación o labor social, escuchando más a menudo un “gracias” que un “enhorabuena”. Por otro lado, compagino esta faceta con la de concertista internacional. Cada año suelo participar en diferentes festivales de música en toda Europa y Japón, teniendo la oportunidad de tocar una gran variedad de instrumentos históricos. Estas dos facetas quedan completadas con mi faceta como investigador y pedagogo. En mi caso, la investigación está muy ligada a la interpretación ya que siempre intento basar mis interpretaciones en fuentes y prácticas históricas. La pedagogía es otra de mis grandes pasiones, compartir todo aquello que uno ha descubierto, ayudar a otras personas a avanzar en su carrera profesional y ver los frutos que van cosechando es una de las cosas más bonitas. Sin embargo, el que más aprende enseñando a sus alumnos sigue siendo el profesor.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *