¿CÓMO HAN VIVIDO ALGUNOS DE NUESTROS PROFESORES LA DOCENCIA ONLINE? Acerca de la adaptación digital durante el periodo de confinamiento.

 

Por Mateo Chover

Durante el final del curso pasado y lo que llevamos de inicio, hemos vivido una situación extraordinaria a todos los niveles a causa del COVID-19, incluida la docencia. Por ello, se ha querido preguntar a diferentes profesores del CSMV acerca de cómo han vivido ellos estas circunstancias, qué opinan del proceso de adaptación y qué tal se han manejado con las nuevas tecnologías. Sí, esos aparatos que más de una vez todos los padres han querido echar ventana abajo. ¿Habrán sobrevivido nuestros docentes a la docencia online?

Miguel Gironés

En primer lugar, preguntamos a Miguel Gironés, profesor de análisis del CSMV.

P: ¿Cómo has vivido esta adaptación a la docencia online a causa del COVID-19?

R: Inicialmente con un poco de incertidumbre porque no sabíamos si impartir las clases a tiempo real, es decir en “streaming”, pero en mi caso particular, donde estaba pasando las restricciones de movilidad a causa del estado de alarma no tenía una gran conexión a internet, así que decidí optar por una clase semanal para cada asignatura. Este vídeo lo subía a Youtube en modo oculto y los alumnos lo visualizaban cuando podían. En cuanto a la Consellería no he recibido ningún tipo de ayuda, sin embargo, por parte del centro sí recibimos una gran muestra de comprensión ante la situación.

P: ¿Qué papel social ha jugado, en tu opinión, la música en esta etapa de confinamiento? ¿Crees que esto ha hecho revalorizarse el concepto de la música que tiene la sociedad?

R: Yo creo que sí que ha servido para que la música se valore más. Me gustaría recordar un “meme” que circulaba por las redes, el cual decía que imagináramos si toda esta etapa hubiese pasado sin música, sin libros, sin películas… Sin embargo, pienso que cuando esta situación excepcional pase la gente se olvidará de todo y se volverá a considerar la música como algo totalmente superfluo.

P: ¿Cómo valorarías la respuesta de los estudiantes delante de la docencia online? ¿Se han sabido adaptar? ¿Han procrastinado, o han aprovechado las oportunidades que brindaba la nueva situación?

R: Pues creo que como siempre, en estas situaciones, se maximiza lo que cada uno ya tenía dentro. Aquel que solía pasar de los estudios, se ha visto favorecido por la situación, no se ha conseguido motivar o inspirar. Y al revés, aquel que ya era un alumno responsable, ha seguido el ritmo y ha hecho un esfuerzo por ponerse al día. También creo que se han visto las diferencias, no siempre económicas, entre los alumnos, por ejemplo, de acceso a internet o de medios. En mi caso particular, teníamos tres ordenadores y aun así a veces era complicado coordinar nuestras clases online, así que imagino que en otras casas habrá sido mucho más difícil.

P: ¿Crees que algunas de las novedades, a nivel pedagógico y de requerimientos, que ha traído la docencia online, han venido para quedarse? ¿Cuáles y por qué?

R: Por supuesto, sin lugar a duda, yo mismo me estoy replanteando muchas cosas a causa de la situación. Yo mismo, lo cual me parece curioso, tenía pensado abrir de forma pública un canal de Youtube justo cuando llegó la pandemia. Así, el proyecto se vio favorecido y por la urgencia de subir el material necesario para continuar con el curso. A nivel general, creo que sí se van a quedar algunas de las adaptaciones. Nos ha servido para darnos cuenta de algo que ya ocurría antes y es que muchos trabajos podían estar haciéndose desde casa y ahorrándonos tiempo perdido en desplazamientos, contaminación, etc. Creo que sí, habrá un cambio de paradigma en el día a día de la gente.

Ramón Herrero

También preguntamos a Ramón Herrero, profesor de fagot del conservatorio.

P: ¿Cómo has vivido esta adaptación a la docencia online a causa del COVID-19?

R: He vivido una situación muy difícil a la que me he tenido que adaptar debido a todas las dificultades presentadas durante el confinamiento, como la conciliación familiar y laboral, los problemas de salud derivados del COVID-19 en mi propio entorno familiar, la escasez de recursos tecnológicos o la poca preparación inicial en las TICs. Aunque, y pese a todo ello, he de reconocer que la experiencia ha sido, en términos generales, bastante enriquecedora y motivadora, ya que ha supuesto un reto para mí como docente, implementando mis conocimientos en nuevas plataformas online donde poder comunicarme e interactuar de forma virtual con mis alumnos.

P: ¿Qué papel social ha jugado, en tu opinión, la música en esta etapa de confinamiento? ¿Crees que esto ha hecho revalorizarse el concepto de la música que tiene la sociedad?

R: No creo que la música haya jugado un papel relevante en nuestra sociedad durante la pandemia. Al revés, se ha utilizado de una forma burda y maniquea. La sociedad necesitaba un plan de acción contra el virus con la suficiente previsión y dotación de medios sanitarios para no llegar a ser el país con la mayor proporción de muertes por cada 100.000 habitantes. Pero la ineficacia, ineptitud y negligencia de un gobierno social-comunista unido a un pueblo inculto, absorto en mezquindades, lobotomizado por los medios de comunicación y fácilmente manipulable nos han llevado a los resultados más nefastos jamás imaginables desde la Guerra Civil. El hecho de cantar “Resistiré”, tocar en los balcones o dar palmas no ha servido más que para dar la impertérrita imagen de “un país de pandereta” de la que tanto nos está costando salir. No hay más que ver el continuo espectáculo del Congreso de los Diputados o de los medios de comunicación afines al poder, día tras día. Si, como todo el mundo sabe, la música es cultura, y en circunstancias normales la cultura se valora tan poco en nuestro país, imagínense ustedes qué significa la música para la sociedad en estos tiempos de incertidumbre, de conflictos y de pandemia. En definitiva, no creo que esta situación haya hecho revalorizarse a la música, más bien lo contrario.

P: ¿Cómo valorarías la respuesta de los estudiantes delante de la docencia online? ¿Se han sabido adaptar? ¿Han procrastinado, o han aprovechado las oportunidades que brindaba la nueva situación?

R: La respuesta de los estudiantes ha sido bastante ambigua y muy desigual, dependiendo de los recursos tecnológicos que cada uno ha tenido a su alcance. En general, se hallaban desorientados y desbordados, al igual que la mayoría de personas confinadas en este periodo, donde las circunstancias personales de cada uno han sido muy difíciles y los recursos tecnológicos limitados. Por ello, han procrastinado en la mayoría de los casos, ya que se han visto en una situación inaudita y extraña que no les ha permitido llevar una continuidad en el estudio ni en el proceso de aprendizaje.

P: ¿Crees que algunas de las novedades, a nivel pedagógico y de requerimientos, que ha traído la docencia online, han venido para quedarse? ¿Cúales y por qué?

R: Pienso que la docencia online nos ha traído novedades tecnológicas que han influido a nivel pedagógico y de requerimientos, tanto para los docentes como los discentes, y sobre todo en la interacción entre ambos. Aunque, por otro lado, no creo que la docencia online sea la más adecuada en las asignaturas de las diferentes especialidades instrumentales, donde la praxis musical se da “in situ” y de una manera instantánea, en un contacto más estrecho y fluido que otras asignaturas más teóricas.

Por lo tanto, creo que depende más de lo que cada asignatura pueda adaptar su proceso de enseñanza-aprendizaje a la docencia online, manteniéndolo viable y eficaz. Si esto se consiguiera, sí podría ser una herramienta tecnológica que podría quedarse con nosotros para siempre. Sin embargo, más bien sospecho que será un recurso pedagógico pasajero, por las circunstancias de la pandemia sufrida en el pasado curso académico, sobre todo, en las asignaturas instrumentales como la de Fagot, que es la que yo imparto en este centro.

Gloria Bas

Finalmente, Gloria Bas, profesora de Gestión musical, Introducción al Márketing y Producción de Música y AAEE nos cuenta su experiencia.

P: ¿Cómo has vivido esta adaptación a la docencia online a causa del COVID-19?

R: Yo, hasta hace bien poco me consideraba una “analfabeta digital”, en estos últimos tiempos he tenido que aprender, y dentro de mis limitaciones, creo que me he puesto al día. El tener dos adolescentes en casa en mi día a día, junto con otras materias que imparto en el centro, como Introducción al Márketing o Gestión de la identidad, me han ayudado mucho en este proceso. Al pasar la barrera de los 50 años, la tecnología digital me pilló de pleno, ha sido difícil, pero he tenido que cambiar. Sin embargo, debo reconocer que una vez que me he adaptado, me he encontrado muy cómoda con la tecnología. A pesar de todo ello, para mí, no hay comparativa entre la docencia “online” y la docencia presencial, siendo ésta última mucho más productiva y eficiente.

P: ¿Crees que algunas de las novedades, a nivel pedagógico y de requerimientos, que ha traído la docencia online, han venido para quedarse? ¿Cuales y por qué?

R: En primer lugar, el centro ha tenido que crear una especie de plataforma intranet (ARTIC), en este caso, proporcionando un correo corporativo tanto a docentes como a discentes. Esto ha facilitado la tarea de adaptación a causa de las herramientas que aporta, y algunas ventajas, como espacio ilimitado de almacenaje en Google Drive. Por otro lado, hace tres años aproximadamente, también se nos inundó por las lluvias el sótano del edificio, y durante la semana que duraron las labores de acondicionamiento, se suspendió la docencia. Esta vez, la inundación superó cualquier expectativa, pero en esta ocasión, se pudo dar la opción de trasladar las clases teóricas al plano “online”, en vez de suspenderlas gracias a la infraestructura que existía de antemano por el COVID. En mi caso, me he tenido que “poner las pilas”, y he aprendido a manejar plataformas como Classroom o Google Meet. Creo que cuando todo esto pase seguiré usando estos recursos para complementar mi docencia.

P: ¿Cómo valorarías la respuesta de los estudiantes delante de la docencia online? ¿Se han sabido adaptar? ¿Han procrastinado, o han aprovechado las oportunidades que brindaba la nueva situación?

R: Aquí hay dos partes secuenciales dentro de una misma opinión. Una durante la primera ola (marzo), y otra, con la segunda ola, que coincide con el inicio (octubre) del curso 2020-21. La primera ola nos pilló a todos desprevenidos, aunque por suerte, en mi asignatura en particular, la materia que quedaba por dar era mediante un sistema de dinámicas de grupo diseñadas con metodología digital. Además, se consiguieron dar algunas sesiones de evaluación individual y un examen final online grupal, por lo que no hubo que hacerse ninguna modificación en la GD.

Esta segunda vez, ya veníamos todos más prevenidos, aunque los alumnos ponen a prueba al profesor (como es normal), y comprueban si se desenvuelve bien en el medio digital. En lo que a mí se refiere, he tenido la suerte de poder comprarme un ordenador de última generación, lo cual me facilita muchas tareas a la hora de hacer un seguimiento, controlar asistencia, realizar videoconferencias, etc… De esta forma, poder “escaquearse”, se vuelve mucho más difícil a la hora de entregar las tareas, incluso para los alumnos en confinamiento por contacto directo de COVID, ya que podían conectarse de forma virtual y seguir las clases con total normalidad.

P: ¿Qué papel social ha jugado, en tu opinión, la música en esta etapa de confinamiento? ¿Crees que esto ha hecho revalorizarse el concepto de la música que tiene la sociedad?

R: Sobre esta cuestión me parecen muy relevantes las claves que expuso Carl Gustav Jung sobre la teoría de “la tensión de los opuestos”, en la que considera que la realidad es esencialmente contradictoria. Es decir, en situaciones adversas, nuestro inconsciente se enfrenta a la confrontación entre opuestos, por ejemplo, euforia‑pesadumbre, soledad‑concurrencia… Durante este confinamiento nos hemos encontrado con muchos de estos momentos, pero coincido con Jung cuando afirma que, en estos casos, aparece un tercer elemento fundamental y sanador, que es el de “la creatividad”, y es el detonante que puede facilitar a nosotros como individuos, y a la sociedad en su conjunto, ese ansiado equilibrio. Este elemento se puede reflejar tanto en la música como en otras disciplinas artísticas, y da espacio, como salida, a estos momentos de tensión, lo que evita que nos desequilibremos, por eso creo que es recomendable hacer deporte, tocar un instrumento o pintar un cuadro… durante el periodo de confinamiento.

Sin embargo, yo no creo que la mayoría de la sociedad cambie de opinión conscientemente, sino que de alguna manera buscarán esos espacios para poder desarrollar su propia estabilidad emocional, aunque sea de forma inconsciente. El parón de nuestra actividad cotidiana hacia “una nueva realidad” nos ha servido para que nuestro inconsciente se pueda expresar más libremente y así conseguir que una sociedad lo más sana posible no parezca una utopía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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