CLAUDIA MONTERO, compositora: “Trabajar para los sueños”

Por Ana Martínez Deltoro

                      Claudia Montero, compositora

Aprovechamos este nuevo espacio de la revista digital del CSMV dedicado a “Mujeres y Música” para hablar de Claudia Montero, una gran conocida en nuestro conservatorio y en el ámbito de la música en general por su importante trayectoria profesional como compositora. Nacida en Buenos Aires, es una de esas mujeres que consiguió abrirse paso en un mundo dominado por hombres, superando las barreras que actúan limitando las oportunidades de todas aquellas mujeres que pretenden hacerse un hueco en el mundo de la música. Su reciente fallecimiento ha causado una gran consternación en todos aquellos, no pocos, que conocíamos su trayectoria como compositora.

Su vínculo con la música comenzó cuando, a la edad de 9 años, viendo la televisión, escuchó sonar un piano. Esta experiencia la conmovió de tal manera que lloró de la emoción e inmediatamente le dijo a sus padres que quería estudiar piano. Tal era su interés y ansia por hacer este sueño realidad, que sería ella misma la que, con 10 años, buscaría un profesor que le pudiese enseñar. Aunque posteriormente, por razones de accesibilidad, tuvo que cambiar el estudio del piano por el de la guitarra, lo cierto es que a la edad de 13 años tenía claro que su futuro estaría ligado al de la composición, pues a esta edad ya era consciente de su facilidad para generar ideas musicales.

Sin embargo, curiosamente, llegado el momento de empezar a cursar estudios superiores, se decantó por una ingeniería, algo que tampoco es del todo de extrañar dada su declarada gran pasión por la ciencia. No obstante, esta elección no la alejó de su convicción por convertirse en compositora y, aunque llegó a completar dos cursos de la ingeniería, acabó comprendiendo que, si de verdad quería dedicarse profesionalmente a la composición, debía recibir una buena formación académica. Es en ese momento cuando, con 19 años, abandona los estudios de ingeniería para estudiar en el Conservatorio “Alberto Ginastera” de Buenos Aires en las especialidades de Pedagogía Musical y Composición.

Claudia Montero fue una más de los muchos argentinos que dejaron su país huyendo del corralito. El que escogiese España como destino no fue un capricho. Su padre era español y por ello, afincarse aquí le permitía aproximarse a sus raíces, a un entorno familiar que de algún modo podría ayudarle a sobrellevar mejor la dureza que suponía el haber tenido que abandonar su país en esas condiciones.

Durante la etapa de su vida en la que residió en España,  llegó a establecer un vínculo muy especial con la ciudad de Valencia. Cuando llegó de Argentina se instaló en Madrid, pero sin embargo, al poco tiempo se daría cuenta de que esta ciudad no se adaptaba completamente a sus necesidades. Las buenas referencias que le llegaban sobre Valencia la impulsaron a desplazarse a conocer esta ciudad para valorarla como posible lugar de residencia. En Valencia encontró belleza, luz, asequibilidad… La ciudad la enamoró, y si a eso se le sumaba el hecho de que la Comunidad contaba con tres Conservatorios Superiores de Música… no había más que hablar. Existían muchas posibilidades de que pudiese encontrar trabajo por la zona y, en efecto, pasado un breve periodo de tiempo, comenzaría a trabajar como docente en el Conservatorio Superior de Música “Salvador Seguí” de Castellón en la especialidad de Composición.

En su catálogo de obras podemos encontrar alrededor de 40 composiciones, siendo destacable el hecho de que todas ellas hayan sido estrenadas. No todos los compositores tienen la gran suerte de poder ver cómo la totalidad de sus obras se materializan en una realidad sonora. Es probable que sobre esto haya tenido que ver el hecho de que muchas de sus composiciones son producto de encargos llevados a cabo por relevantes formaciones y entidades musicales, tanto en el ámbito de la música solista como en el de la música de cámara y la música orquestal.

           Claudia Montero recogiendo uno de sus Grammy

Fue en el año 2014 cuando Claudia Montero lograría obtener un importante reconocimiento a su trayectoria profesional: su primer Grammy Latino, en la categoría de Mejor Obra Clásica Contemporánea.  Este premio le fue concedido por su “Concierto para violín y orquesta de cuerdas”, obra incluida en su primer disco, Ausencias (2013). En el momento de su grabación, Claudia ya contemplaba de forma sólida la idea de optar con él a los Grammy, aunque por delante quedaba mucho camino por recorrer. De hecho, como recordaba con cariño en algunas entrevistas, durante esta grabación vivió algunos momentos mágicos que de algún modo y casi de forma premonitoria, le decían que conseguiría este premio. Y no estaba equivocada.

Su segundo Grammy llegó en el año 2016 por su obra “Cuarteto para Buenos Aires”, una composición para cuarteto de cuerdas que le daría el triunfo de nuevo en la categoría de Mejor Obra Clásica Contemporánea. Esta obra, compuesta en el año 2000 y, por tanto, anterior a su Concierto para violín, constituye un claro y sentido homenaje a Ravel. Para su composición, Claudia Montero se inspiró en el cuarteto de Ravel aunque, como ella misma reconocía, buscando siempre que “sonara a Montero”. A raíz de la obtención del Grammy, la interpretación de esta pieza se ha ido multiplicando hasta convertirse, a día de hoy, en una de sus obras más programadas, casi siempre rodeada de la música de grandes maestros.

No siendo suficiente con dos de ellos, la edición de 2018 de los Grammy Latinos finalizó con otros dos premios más en el haber de Claudia Montero. Uno en la categoría de Mejor Obra Clásica Contemporánea por “Luces y Sombras”, composición para guitarra y orquesta, y el otro en la categoría de Mejor Álbum de Música Clásica, en la cual se estrenó gracias a Mágica y  Misteriosa. Este álbum, que incluye la ya citada “Luces y sombras” y una obra que da título al álbum compuesta para arpa y orquesta de cuerdas, constituye el cierre a todo un corpus compositivo dedicado a obras de “cuerdas con cuerdas”.

     Portada de su álbum “Mágica y Misteriosa”

Y es que, aunque su catálogo incluye obras de instrumentación variada, lo cierto es que queda patente su gran predilección hacia los instrumentos de cuerda. Ella misma reconocía su buen vínculo con estos instrumentos, pues para ella “la cuerda tiene una vibración especial con el propio cuerpo y el alma”. Afirmaba, por otra parte, no sentir afinidad con instrumentos como la trompeta o la tuba, algo que no le permitía transmitir su lenguaje a través de ellos. La necesidad de mostrarse fiel a su personalidad compositiva la llevó a rechazar trabajos para formaciones en las que no sentía fluir con naturalidad su lenguaje hacia la transmisión de un mensaje. Es el caso, irónicamente, de la música para banda, formación por excelencia de la Comunidad Valenciana.

Claudia Montero ha definido en varias ocasiones su propia música como un reflejo de sí misma: pasional, a veces melancólica y en algunos momentos acelerada hasta niveles vertiginosos. Su música, dotada de una gran carga emocional, es capaz de conectar incluso con aquellos oyentes que no están familiarizados con el complejo mundo de la música contemporánea. La búsqueda de una casi obsesiva rigurosidad formal así como un tremendo respeto hacia las jerarquías melódica, rítmica y armónica, son elementos que marcan su proceso creativo hacia la composición de obras en las que el empleo de contrastes rítmicos, deformaciones melódicas, armonías simples y recursos líricos se convierten en elementos que definen su personal estilo, siempre impregnado de matices que transportan a su tierra, a sus raíces.

Durante muchos años, Claudia Montero compatibilizó su labor compositiva con la de docente. El hecho de que estudiase la especialidad de Pedagogía Musical en el Conservatorio “Alberto Ginastera” no era sino una muestra de su interés por la docencia. Ser profesora, además de ofrecerle la posibilidad de compartir su experiencia y conocimientos con alumnos ávidos de saberes, también le daba la oportunidad de acompañarles en el camino hacia la búsqueda de sí mismos, de su propio lenguaje. En ese sentido trataba siempre de, en la medida de lo posible, dar libertad a sus alumnos para que éstos pudiesen expresarse de forma acorde con su estilo, siendo coherentes con su propia personalidad.

Aunque durante los cursos 2018-2019 y 2019-2020 se mantuvo alejada de la docencia para centrarse en la composición, este curso 2020-2021 se había incorporado en la plantilla del Conservatorio Superior de Música “Joaquín Rodrigo” de Valencia. Además, en verano de 2020 fue nombrada Compositora Residente del Palau de la Música de Valencia. Esto le daba la oportunidad no solo de desarrollar un trabajo directo con la Orquesta de Valencia a través de la composición de una obra original para esta agrupación, sino también de tener a su cargo el Programa de Jóvenes Compositores, un espacio de encuentro en el que 8 jóvenes compositores podrían trabajar algunas de sus obras con la Orquesta de Valencia bajo su tutela. Lamentablemente, estos proyectos no han podido llevarse a término.

       Claudia Montero, trabajando para sus sueños…

Miembro de la International Allianze for Women in Music, Claudia Montero siempre defendió la necesidad de luchar por la igualdad de oportunidades para las mujeres en el ámbito musical y más concretamente, por ser el suyo, en el de la composición. Aunque no era partidaria de la programación por géneros, reconocía la importancia de dar visibilidad al trabajo de las mujeres, a menudo solapado, para asegurar realmente esta equidad. Afortunadamente, Claudia Montero logró dar a conocer su trabajo y ofrecerlo a un público que ha sabido reconocer su valía.

Como ella misma decía, su música la representa, su música no es sino un reflejo de sí misma. Es por ello que mientras suene, una parte de ella seguirá vibrando.

 

 

 

 

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